El imperialismo frena a México, explica Jesús Lara

Jesús Lara expuso cómo las potencias perpetúan el subdesarrollo en el Sur global, mientras el proletariado sigue pagando el peso del sistema.

El imperialismo frena a México, explica Jesús Lara

Ixtapaluca, Edomex.- El especialista en geopolítica Jesús Lara planteó en el Centro Universitario Tlacaélel que la desigualdad y el atraso de países como México no son accidentes, sino consecuencias directas de la dominación imperialista. Durante la conferencia “Imperialismo y Subdesarrollo: las dos caras de la geopolítica”, alertó que el esquema económico global fue diseñado para concentrar la riqueza en el Norte y mantener al Sur en una posición de dependencia, explotación y endeudamiento crónico.

Con datos sobre la distribución del ingreso y el peso del capital extranjero, Lara explicó que el llamado “libre mercado” ha funcionado históricamente como un dispositivo de control. La dependencia tecnológica y financiera respecto de Estados Unidos, junto con el manejo de las reservas internacionales, son piezas del engranaje que impide a las naciones en desarrollo construir soberanía económica. “México sigue siendo rehén de un sistema que privilegia los intereses de una minoría global sobre las mayorías trabajadoras”, señaló durante su intervención.

Uno de los puntos más críticos de la conferencia fue el análisis del sistema financiero internacional. Jesús Lara insistió en que el dominio de Estados Unidos sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ha sido una herramienta fundamental para imponer políticas de austeridad que profundizan el subdesarrollo. Préstamos condicionados, privatizaciones forzadas y recortes al gasto social son una constante en los países periféricos, mientras los capitales se mueven sin restricciones y las ganancias se fugan hacia los centros de poder. Este mecanismo —destacó— es la otra cara del imperialismo: la que no usa tanques, sino tasas de interés y líneas de crédito.  

El expositor subrayó que el orden mundial unipolar —encabezado por Estados Unidos— está en crisis, pero sus estructuras de dominación siguen intactas. Por ello, el camino para el proletariado mexicano y el obrero mundial no es la resignación, sino la organización social y la conquista del poder político. Solo mediante un proyecto alternativo —basado en el control estatal de los recursos estratégicos, la planificación democrática de la economía y la solidaridad internacional— será posible romper las cadenas del subdesarrollo y construir una sociedad justa.